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octubre 5th, 2011:

Tuyo

Tuyo soy, y lo sabes. Solamente
necesito sentir que compartimos
esta misma certeza,
la ansiedad de contar cada minuto,
el destino común que nos ha unido.

Me basta con mirarte
o mirar a tu hueco entre las sábanas,
entre cada pared de esta mi casa,
sentado en el sofá, de copiloto,
o quizá a ese vacío
que camina despacio,
por la calle,
a mi lado.
Porque sé que lo cierto
es que vienes conmigo a cada paso,
que en cada esquina en la que te adivino,
en que creo oir tu voz, en la que siento
el tacto de la yema de tus dedos
no es mi mente febril la que me engaña:
eres tú la que viene
y, cuando no te miro,
me rozas, me susurras, me das vida.

Tuyo soy en la palma de mis manos,
en la última caricia
en la última caricia y la primera,
en el profundo surco que esa noche
tus dedos dibujaron
en mi carne
en mi carne y mi alma,
y en todos los demás que me has grabado
inocente, curiosa, destellante.
Y es que era inevitable: me atrapaste
desde el primer instante en el que pude
mirar sobre tus ojos mi reflejo
y supe sin reservas
que prefería morir
que prefería morir a un no reencuentro.

Tuyo, como estas ansias mutuas de devorarnos,
como el correr desnudo por tu cuerpo
como lo hace tu sangre
del corazón al aire en tus pulmones,
a las manos, los brazos, a la nuca,
a tu boca y tu sexo,
a tus pies y a los pliegues de tu espalda,
como ser esa sombra juguetona
que desde la atalaya de tu hombro
te susurra al oído
palabras,
y suspiros,
y mordiscos;
como tender mis trampas
como tender mis trampas y caer en las tuyas
sin nada entre los dos salvo el deseo,
la plenitud del cuerpo entrelazado
y esta piel compartida,
el único equipaje en mi caida
hasta ese dulce abismo de tus besos.

Únicamente tuyo,
como lo era la chispa
que hizo de una visita peregrina
una luz cegadora,
que me tiñó la carne
de tu color secreto, tan hermoso,
tan fiel, tan indeleble.
Tuyo como el enigma
de dejarme arrastrar hasta a tu puerto,
con las velas rasgadas
y las bodegas llenas de recelos,
y volver renovado,
henchido de cariño
y de nostalgia.

Tuyo soy, y lo sabes. Ya que tienes
la llave de tu pecho, en el que habito
te ruego que la tires,
que no me dejes nunca
abandonar el nido de tu abrazo.
Ahora que al fin encuentro
un hogar con rumor mediterráneo,
con tantos horizontes
comunes a los míos, con el aura
de infinita ternura que te viste,
ya no voy a marcharme.

Nada pasa al azar, y en esta historia
cada senda tomada, cada cara
y cada cruz marcada en mi moneda
me llevaban seguras
me llevaban seguras a encontrarte,
a saber que contigo
soy y seré feliz
sin condiciones.

Es la tela de araña de la vida
y se bien que mi juicio está sellado.

Estoy predestinado:
Estoy predestinado: Tuyo soy,
Estoy predestinado: y lo sabes.