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el-último-de-la-fila

Piedra sobre piedra

Entras sin llamar;
no te esperaba y el azar
como una trampa te tendió
en mi camino.

Yo nada pedí
y presumia de vivir
en la contemplación,
en el deleite del placer,
en la ansiada calma.

Tú,
boca que es tenue luz,
túnel de amor,
lodo traidor
que me haces resbalar
entrelazado a ti,
no quieras más,
más no te puedo dar.


Pájaro espino, pájaro sol,
imploro tu favor, pido protección,
que su antojo lima mi débil voluntad.
Golpea en el yunque de mi obsesión,
golpea y golpea que forjarás
ese metal precioso que es la serenidad.

Tira otra piedra, que has de ayudar,
piedra sobre piedra he de levantar
el dique que frene el brío de su amor.
Crece, florece, crecido estás.
Al brote de tus tallos reverdeceras,
árbol de laurel que el invierno adormeció.

Tú,
vana presencia.
Rosa en el ojal,
artificial,
nunca marchites.
Soplo de ausencia, muero por verte,
muero de amor.

Rasga la trama,
que el aire va
surcando la saeta que el blanco erró
y que surcan las esquirlas de mi pedregal.
Tira otra piedra, que has de ayudar,
piedra sobre piedra he de levantar
el dique que frene el brío de su amor.

Cosas que pasan


Al ritmo de tus días,
al flujo de tu tiempo, vela que dominas.
al vaivén que marcas, caprichosa, amor,
a tu calor, me arrimo.
Flor de pradera: de ti necesito.
de tu escencia me impregné
y ahora estoy atado a ti,
y el sulfuroso reclamo
es el deseo que por ti siento.
Deseo de tus noches mientras duermes,
deseo de tu latir y de tu aliento,
y al abrigo de tus besos
adentrarme en un camino que tras de mí se borre.
Si tu bendita presencia
es la ofrenda ante el altar,
el agua de tu caudal
es la querencia animal.
A este desbordado antojo,
a este musgo de la roca donde me alojo.
En el panal de tus cuevas puedo ocultarme y brotar,
y en tus recónditas curvas puedo poblarte y amar,
desde tu tobillo moreno
al sonido de la trenza de tu largo pelo.

Qué bien huelen los pinos

Qué bien huelen los pinos
cuando el sol los calienta,
y qué bien pasa el tiempo
persiguiendo nubes en el cielo.

Quiero ser un feriante
y venderte mis baratas quimeras,
verter mi precario ingenio
sobre la tierra caliente.

Dulce como el compás
de una antigua canción,
vuelve el aire a traer
el rumor de tu risa sutil.

Cuando llegó la lluvia
a la tierra que abrasa
pregunté al horizonte
si volverás a casa.
Y la caricia del viento marino
me dijo que sí.

Que la brisa peine las encinas,
perfume de olas blancas,
corriendo traviesa bajo el cielo
azul del añil.

Sabia como un refrán
habla y haz callar,
vuelve y ordena el caos,
niña, baila y haz llover.

Dulce como el compás
de un antiguo son,
vuelve el aire a traer
tu risa sutil.

Sabia como un refrán
habla y haz callar,
vuelve y ordena el caos,
niña, baila y haz llover.
Dulce como el compás
de un antiguo son,
vuelve el aire a traer
niña, tu risa sutil.

.

…y el horizonte me dijo: ¡dos días!